Vas a integrar dos sistemas: siete preguntas que hacer antes de firmar

Una integración entre dos sistemas se ve simple desde afuera: que los datos de acá aparezcan allá. Casi todas las que hemos tenido que rescatar se rompieron por decisiones que nadie tomó al principio, porque en la reunión de venta nadie las preguntó.

Esta es la lista que usaríamos si estuviéramos del lado del que contrata. Sirve igual si el proveedor somos nosotros: si alguna de estas preguntas no tiene respuesta clara antes de firmar, el proyecto todavía no está definido.

1. ¿En qué dirección viaja el dato, y quién manda cuando hay conflicto?

Una integración en una sola dirección es un proyecto. En dos direcciones son tres proyectos, porque aparece la pregunta difícil: si el mismo cliente se editó en los dos sistemas el mismo día, ¿cuál versión gana?

Esa definición se llama sistema maestro, y tiene que existir por cada tipo de dato. El maestro de clientes puede ser el CRM y el maestro de productos el ERP; lo que no puede pasar es que nadie lo haya decidido. Sin maestro definido, la integración va a sobrescribir datos correctos con datos viejos y nadie va a entender por qué.

2. ¿Cada cuánto se sincroniza, y qué pasa si el otro sistema está caído?

«En tiempo real» suena bien y cuesta caro. Muchas veces cada quince minutos resuelve el mismo problema del negocio por una fracción del esfuerzo. Vale la pena preguntarse qué se pierde concretamente si el dato llega con veinte minutos de atraso: si la respuesta es «nada», ya ahorraste plata.

Y la pregunta que casi nadie hace: ¿qué pasa cuando el otro sistema no responde? Los sistemas se caen, tienen ventanas de mantención y a veces simplemente demoran. Una integración seria encola lo que no pudo entregar y lo reintenta. Una integración mala pierde el dato y nadie se entera hasta que el cliente reclama.

3. ¿Qué pasa con los datos que ya están mal?

Toda empresa con años de operación tiene el mismo cliente cargado tres veces con RUT distinto, productos con códigos que se reutilizaron, direcciones en campos que no correspondían.

Integrar dos sistemas sin limpiar eso primero no arregla el problema: lo multiplica, porque ahora la basura se replica automáticamente al otro sistema. Y como llegó por integración, cuesta más rastrear de dónde salió.

Pregunta explícitamente si la limpieza de datos está incluida en el alcance o no. Es una de las diferencias más frecuentes entre dos cotizaciones que parecen iguales — y la que después genera el «eso no estaba considerado».

4. ¿La integración es sobre una API documentada o sobre la base de datos?

Escribir directo en la base de datos del otro sistema es más rápido de construir y es una bomba de tiempo. La primera actualización del proveedor puede cambiar una tabla y romper todo, sin aviso y sin que nadie sea responsable.

Si el sistema tiene API oficial, la integración va por ahí aunque cueste más. Si no tiene API, eso hay que saberlo antes de firmar, porque cambia el riesgo del proyecto y debería cambiar cómo se contrata la mantención.

5. ¿Quién es dueño de las credenciales?

Es una pregunta aburrida hasta el día en que te cambias de proveedor. Las claves de API, los certificados y los accesos a los sistemas integrados deben quedar a nombre de la empresa, no del desarrollador que los creó.

Lo mismo con el código y con el servidor donde corre la integración. No es desconfianza: es que las empresas cambian de proveedor por razones normales, y ese día no puede haber una parte de tu operación a la que no tengas acceso.

6. ¿Qué pasa cuando el proveedor del otro sistema actualice?

Los ERP se actualizan. Las APIs cambian de versión y las versiones viejas se descontinúan. Una integración no es una obra que se entrega y termina: es algo vivo que hay que mantener.

Conviene dejar por escrito quién monitorea esos cambios, con cuánta anticipación se avisan, y si adaptarse a una nueva versión está dentro de la mantención o se cotiza aparte. Es una de las discusiones más caras que hemos visto, y siempre ocurre a los dos años, cuando ya nadie se acuerda de qué se había dicho.

7. ¿Cómo nos enteramos de que se cayó?

La peor forma de descubrir que una integración dejó de funcionar es que un cliente reclame, o peor, que se descubra en el cierre de mes con tres semanas de datos sin sincronizar.

Una integración bien hecha se avisa sola: registra cada operación, cuenta lo que falló y manda una alerta a alguien con nombre y apellido. Pregunta cómo se monitorea y quién recibe la alerta. Si la respuesta es vaga, la respuesta real es «nadie».

La octava, que no es técnica

¿Quién de tu equipo va a ser la contraparte? Las integraciones fallan tanto por falta de decisiones internas como por problemas técnicos. Alguien tiene que poder responder «en este caso manda el ERP» sin convocar una reunión de tres áreas.

Si esa persona no existe o no tiene tiempo, el proyecto se va a alargar sin importar quién lo haga.

¿Cuánto demora una integración típica?

Depende casi por completo de dos factores: si los sistemas tienen API documentada, y qué tan limpios están los datos. Con API en ambos lados y datos ordenados, una integración acotada es cuestión de semanas.

Sin API o con datos sucios, el mismo alcance puede tomar meses — y la mayor parte de ese tiempo no es programar, es ordenar.

¿Es mejor integrar o migrar todo a un solo sistema?

Depende de qué tan bien funcione lo que ya tienes. Si cada sistema hace bien lo suyo y el problema es solo que no se hablan, integrar es más barato y menos riesgoso que migrar.

Migrar se justifica cuando alguno de los sistemas ya no da el ancho por sí solo. Es una decisión de negocio, no técnica, y desconfía de quien te empuje a migrar sin haber mirado tu operación.

¿Con qué sistemas han integrado?

Hemos trabajado con SAP, Oracle, Softland, Defontana, Manager, RANDOM y KAME, además de sistemas desarrollados a medida y plataformas internas.

Si tu sistema no está en esa lista, igual conversemos: los desafíos de fondo se repiten bastante más de lo que parece.

¿Se puede integrar un sistema antiguo sin API?

Casi siempre sí, pero cambia el enfoque y el riesgo. Se puede trabajar sobre archivos intermedios, vistas de base de datos de solo lectura o capas construidas encima.

Lo importante es que quien lo proponga te explique qué se rompe cuando el sistema antiguo cambie, y quién lo arregla.

¿Estás por firmar y quieres una segunda opinión?

Si tienes una cotización de integración sobre la mesa, cuéntanos qué te propusieron y te damos nuestra lectura. Un café, sin costo ni compromiso. A veces la mejor recomendación es que sigas con el proveedor que ya tienes. Conversemos.

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